El legislador Raúl Martínez (FdT) aseguró que “la muerte de un adolescente en Viedma con un disparo en la espalda, debe hacernos reflexionar profundamente y no seguir barriendo bajo la alfombra”.

“Estamos ante un tema que será recurrente si no solucionamos las enormes desigualdades que nos cruzan como sociedad”, dijo el parlamentario.

“Desigualdad de derechos, desigualdad de oportunidades, desigualdad en la alimentación, en el hábitat, la educación, la salud. Un gran abanico de problemas excluye diariamente a hombres, mujeres, jóvenes, adolescentes, niños, niñas, que en repetidas ocasiones conocen de sobra la estigmatización cotidiana donde pobre se asocia a “peligroso” y lleva al conjunto social a cruzar la vereda, a dar la espalda y solicitar castigo”, argumentó.

Martínez reiteró lo que ya ha señalado en la propia Legislatura cada vez que se tratan cuestiones de Presupuesto.

“Si a cada peso que el estado administra y distribuye mal no le ponemos rostro humano corremos el riesgo de leer en las crónicas periodísticas recurrentemente el mismo tipo de noticias”, estimó.

Martínez recordó el caso de la familia diezmada por un incendio hace un año en Viedma “y otros lamentables sucesos donde la pérdida de vidas humanas nos pone frente a una realidad que avergüenza a una sociedad que reclama silenciosa y permanentemente medidas de fondo en la búsqueda de soluciones”

“Si los organismos estatales no ejecutan sus partidas y si se endilgan los unos las responsabilidades del otro, no se solucionan los problemas. Más bien se agravan”, afirmó.

“Lejos de pensar en la inclusión social, de realizar un debate profundo acerca de la marginalidad y la violencia institucional, la solución sólo parece venir de una manera y desde un lugar: el castigo a los más vulnerables en el ámbito penal. Un remedio que, más que curar, nos enferma cada vez más” aseguró y, citando a la antropóloga Rossana Reguillo, Martínez sostiene que “en los últimos años se ha instalado una “geopolítica del miedo” donde hay todo un discurso potenciado que pide a gritos “mano dura”, “tolerancia cero” y encarna la idea de la sospecha y una estigmatización cada vez más fuerte hacia el pobre, el inmigrante, el que vive en una villa. La condena se dirige al que menos tiene”.-